CARTA IV

Querida Ernes:

Algo de tu pregunta final me quedó dando vueltas. ¿De quién es ese texto? Y yo la abro un poco más: ¿es de alguien? ¿Tiene dueño un texto?

El texto como la vida misma. Algo que se va escribiendo, que no empieza ni termina en uno solo, que se construye en ese entre que vos nombrás. Una historia que se va haciendo, que se desliza, que cambia de mano sin que nadie lo decida del todo. Y entonces la pregunta ya no es solo de quién es el texto, sino si esa pregunta tiene sentido. Si el texto puede ser de alguien.

Y desde ahí me fui directo a mis amistades.

Podría decir mucho sobre cómo esas amistades me salvaron en momentos muy oscuros. Momentos donde la soledad me acechaba y no me dejaba moverme, salir de ahí. Esos momentos donde uno se paraliza, se angustia, se inhibe hasta para sentir. Como escuchaba recién en una canción que decía: no hay vida en el vivir. Esa es la sensación. La muerte en vida. Fueron ellas las que, en cercanía física o con miles de kilómetros de distancia, pudieron bordear. Fueron contención, escucha, abrazos y silencios. Qué importantes los silencios.

Y en esos momentos, el texto seguía escribiéndose. No solo desde mí. Desde el otro también. Desde ese vínculo. Lo mismo podría decir del análisis, ese espacio donde la palabra y el silencio hacen algo que uno solo no puede hacer.

Entonces me pregunto: ¿qué pasa con estas cartas? ¿Las escribo yo? ¿Son mi texto? ¿Me pertenecen? ¿Soy escritora o lectora? ¿Me escribo o me leo? ¿O acaso las dos cosas al mismo tiempo? ¿O se están escribiendo en ese entre, como todo lo demás?

Y desde ahí aparece algo que me inquieta del mundo en el que vivimos. Un mundo que nos quiere convencer de que el texto es solo propio. Que nos construimos solos, que nos conocemos solos, que la historia de uno la escribe uno. Que alcanza con pagarse un retiro espiritual de quince días en la India para encontrarse a uno mismo. Como si el otro no tuviera nada que ver con lo que somos. Como si fuera posible escribirse sin nadie.

¿Somos sin los otros?

¿Cuál es el límite entre el uno y el otro? ¿Hay límite? ¿Somos sin el otro? ¿Somos sin la amistad? ¿Somos sin el amor?

Quiero creer que no.

Te leo.

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